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LA MAGIA DEL ESPÍRITU

Había una vez un rey que hablaba con orgullo de su nuevo proyecto por conquistar nuevas tierras y del cual había dejado fuera de participación a la reina, tras una acalorada discusión meses atrás. Mientras ella lo escuchaba, comenzó a experimentar sentimientos encontrados como rabia, tristeza, desolación, frustración. En su interior sabía que estos sentimientos solo les traerían amargura; así que, con determinación decidió alejarse del reino y fue a visitar a un mago, el mejor en todo el planeta, a quién ella y el rey solían recurrir cada vez que tenían algún problema de difícil solución.


Al mago podía encontrarlo en cualquier lugar; sin embargo, ella prefirió encontrarle en su hogar, un sitio silente, sencillamente decorado, un lugar que irradiaba paz, en el que, desde que entraba comenzaba a sentir tranquilidad.


Cuando el mago apareció con su vestidura blanca, brillante, expresión amable y dispuesto a escucharle, la reina comenzó a hablar. Inicialmente le agradeció su disposición de estar presente en cada momento de su vida, agradeció por sus hijos y por todo lo que tenía. Una vez hecho esto comenzó a relatar el problema que le quejaba y mientras lo hacía miraba los ojos profundos del mago con expectante atención. Y, sin que éste dijera una palabra, ella comenzó a hablar con profundo sentimiento de impotencia, como si escuchara desde su interior las palabras del mago diciendo habla, expresa todo tu sentir.


Una profunda tristeza la agobió y llorando expresó: Siempre he vivido a la sombra de otros, he dado mayor importancia y valor a lo que hacen los demás que a mis propios sueños, he dudado de mis capacidades, de quién soy, de lo que quiero y puedo lograr y, mientras continuaba su relato, el mago la observaba sereno.


Después de varios minutos, la reina terminó de hablar, agotada, con los párpados hinchados y su voz cansada; hubo un instante de silencio, el mago solo respondió con una ligera mueca de sonrisa: “permite que tu espíritu se exprese.”


La reina guardó silencio por unos instantes, de momento no entendió sus palabras, cerró sus ojos y poco a poco empezó a sentirse más tranquila, haciendo surgir una fuerza en su interior que creció cada vez más y, después de un instante, con voz firme expresó: a partir de hoy, desde lo más profundo de mi ser, comienzo a brillar con mi propia luz y obtengo mis propios logros. Lo repitió una y otra vez con mayor fuerza y determinación, hasta que se percató de que el mago ya no estaba. Sorprendida, respiró profundamente…, agradecida salió del lugar con una sonrisa experimentando una extraña y agradable efervescencia en su interior.


Mientras pasaban los días, le venían ideas que ponía en acción, se sentía cada vez más segura al enfrentar los nuevos retos, le llegaban cada vez más oportunidades que aprovechaba de acuerdo con su intuición y con entusiasmo ayudaba a otras personas a lograr sus sueños.


Después de algunos años, volvió a encontrar al mago a quien constantemente recordaba con agradecimiento; eufórica y agradecida le habló de sus logros y del amor de su vida, un amor en constante crecimiento. El mago respondió: He sabido de tus logros y de la ayuda que brindas a otras personas. Tu determinación, está atrayendo y seguirá atrayendo lo que deseas, pues has logrado conectar con la magia del espíritu.


La magia del espíritu está dentro de ti, no necesitas buscarla fuera; siempre que lo necesites, sumérgete en tu interior y lograrás ver la potencia de su luz, la potencia de tu propia luz.


Por: Hilda González Romo

 
 
 

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